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viernes, 23 de diciembre de 2011

Hola, beliebers. Aquí hemos llegado de nuevo con el último capítulo dividido en partes. Me ha quedado corto, así que espero que me perdonen... no sabía cómo escribir. Sé que me ha salido una chapuza, pero no sé, a lo mejor os gusta. En cuanto a los comentarios, no hemos pensado en hacer una 2ª temporada o una novela nueva. Sin embargo, lo pensaremos :) Gracias por los comentarios y por seguir día tras día leyendo nuestra novela :) Intentaremos subir mañana o pasado, depende de si nos emborrachamos o no xDDD Es broma :) ¡Seguid comentando si queréis el final! :) 
 ¡FELIZ NAVIDAD A TODAS! Un beso muy grande <3 

Capítulos 59- All I want for Christmas is you

Noté un beso húmedo en mi frente, y unas suaves manos acariciando mi largo pelo tendido en la almohada. Inspiré un aroma de fresas con un toque de frambuesas cuando me abrazó. Aquel aroma que tanto extrañaba y aquellos abrazos que me hacían no querer separarme de su lado aunque el tiempo pasara. Abrí los ojos lentamente y ahí estaba, tan dulce como siempre. Mi sonrisa apareció inmediatamente cuando clavé mis ojos en los suyos. Una lágrima cayó lentamente por su mejilla a la vez que una sonrisa de felicidad alumbraba la habitación. Luego, apareció él y la rodeó con sus fuertes brazos. La acurrucó en su pecho y le dio un tierno beso en su cabeza. Ambos me abrazaron. Me incorporé para darles un mejor acceso a que el abrazo se prolongara. Los echaba mucho de menos. Al rato, apareció ella con los pelos alborotados y soltando un leve bostezo. Estiró los brazos hacia arriba y se reunió con nosotros. Se acercó por el otro lado y se sentó a mi lado. Me dio un beso en la mejilla y los cuatro nos fundimos en un gran abrazo. 
- Felicidades, pequeña.. -me felicitó papá. 
- Gracias, papi. -unas cuantas lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. 
- No sabéis cuánto os hemos echado de menos. -confesó mamá. -La casa están tan vacía... -hizo una pausa seguido de un suspiro- sin vosotras... 
- No me puedo creer que ya mi hermana tenga 18. ¡Qué vieja! -soltó Lorena. 
- Pronto tú también los tendrás. Así que, calla. -le lancé la almohada a la cara. Ambas reímos. 
Finalizamos el abrazo, y mis padres con ayuda de mi hermana me vendaron los ojos con una bufanda. Mamá me cogió por el brazo izquierdo y papá por el derecho. Comencé a bajar escaleras con la ayuda de éstos aún sin saber el por qué de tanto misterio. 
Al finalizar la escalera, Lorena lentamente me desató la venda y pude observar el hermoso regalo que mis padres me habían regalo. 
- ¡Vaya...! -fue lo único que se escapó de mi boca en ese momento. 
Empezar la mañana con un gran desayuno con mis rosas blancas favoritas en unos ramos puestos para decorar la mesa, era de lo mejor. Con este detalle y estar con mi familia me daba por satisfecha. No quería un coche lujoso como los típicos que salen en "Sweet Sixteen" ni joyas, mucho menos. Todo lo que quería era ser feliz. Mi primer deseo se había cumplido: estar en casa con las personas que adoro y que me han enseñado mucho en esta vida. Mi segundo deseo: salud para todos ellos. Algo que gracias a Dios, se había cumplido. En cambio, faltaba un tercer deseo: estar con el chico que cambió mi vida, y al cual amo más que a nadie en este mundo. El amor de mi vida. Justin. 
Lo único que necesitaba para un cumpleaños perfecto era tenerlo aquí, conmigo, pero eso no sucedería. Seguramente con todo el trabajo que tenía encima, se habría olvidado de mi cumpleaños. De mi 18 cumpleaños... Algo que me entristecía enormemente.
A lo largo del día, tuve el móvil en la mano, pero nada. Ni una sola llamada. Bueno, eso sin contar las 5429 llamadas de mis abuelas, y el resto de la familia. Cassie, por supuesto me llamó un par de veces. Me daba mucha pena que no estuviera aquí con Lorena y conmigo en esta época de Navidad y sobre todo en mi cumpleaños, pero ella tenía a su familia, y se merecía compartir estas vacaciones con ellos. 
- Va, Sophie. Seguro que tarde o temprano llamará. -me consoló Lorena. 
- No, Lore... se ha olvidado.. al parecer nada ha cambiado. 
- ¿Cómo que no? Si nada hubiera cambiado no le hubieras entregado tu virginidad.. 
- Baja la voz -le reclamé. -No quiero que papá y mamá se enteren. 
- ¿Por qué no? Ya eres mayorcita para saber lo que haces. No te tienes por qué esconder. Lo amas y él te ama. No serás ni la primera ni la última que se entregue a un hombre en cuerpo y alma.. 
- Bueno.. ya llegó la filósofa de turno.. -solté con ironía. 
- ¿Qué filósofa ni que ocho cuartos? Sophie.. en serio, no te preocupes más, ¿vale? De seguro te llamará cuando ande menos atareado. Tienes que entenderlo. 
- ¿Entenderlo? Y, ¿quién me entiende a mi? -contesté enfadada. Me levanté de la cama y me dirigí al cuarto de baño. Cerré de un portazo y me senté en el frío suelo. Apoyé mis manos en las rodillas y comencé a llorar. ¿Era posible que Justin se hubiera olvidado de mi? ¿De mi cumpleaños? Me resultaba difícil de creer...
Tras largos minutos de desahogarme, me levanté y me miré al espejo. Me saqué las lágrimas y decidida abrí la puerta. Lorena estaba a punto de tocarla, sin embargo, me adelanté. 
- ¿Estás mejor? -me preguntó acariciando mi brazo. 
- Sí... -contesté como pude. 
- ¿Quieres que salgamos a dar una vuelta? 
- No, Lore. No tengo muchas ganas. -bajé las escaleras y encontré a mamá en la cocina preparando algo de merendar.  
- ¿Estás bien, cielo? -se acercó. Yo me senté en una silla y ella en una que se encontraba en frente. 
- No mucho, mamá.. pero se me pasará. 
- Cariño, alegra esa cara y enséñame esa preciosa sonrisa que tienes. -me acarició la barbilla y se levantó para darme un abrazo. -Esta noche saldremos a cenar para celebrar tu cumpleaños -iba a rechistar pero colocó uno de sus finos dedos antes de que pudiera comenzar a protestar- Sé lo que me vas a decir y no aceptaremos un no por tu parte. ¿Queda claro? Ahora ve a comprar el pan y de paso sacas a pasear a Bella. 
- Está bien.. -me resigné. -¡Bella! ¡Ven aquí, cariño! -cogí la correa y un par de monedas. Bella a los dos minutos estaba sentada esperando en la puerta para salir. -Buena, chica. -la acaricié, le puse el collar, y salimos a contemplar el cielo despejado. 
Lo que yo no sabía es que en esa noche de cumpleaños algo mágico pasaría... 

sábado, 19 de noviembre de 2011

Capítulo 56- "Una propuesta" PARTE 3.

- ¿Qué haces aquí? -su tono se volvió más frío al igual que su mirada. Cogió una manzana, y se tumbó en uno de los sillones que quedaba libre. 
- Pues, he venido a acompañar a una amiga. -mordía la manzana con una mirada desafiante hacia a mi. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, y no precisamente de placer. ¿Qué rayos le pasaba? ¿Su fama había aumentado tanto como para que se volviera tan gilipollas? Sinceramente, esa mirada nunca la había visto. Nunca me había mirado de esa forma, y me...asustaba. 
- Justin, cielo. ¿Podrías ser un poco más educado? -le pidió Pattie. Él no hizo caso y siguió a su bola. 
- ¿Para qué? -soltó éste de repente. Dejó la manzana encima de la mesa que se encontraba al lado, y se puso de pie -¿Para que venga de nuevo a poner mi mundo patas arriba, y yo como un idiota deje todo por ella? ¿Para que me vuelva a dejar de nuevo sin una razón coherente, mamá? No, gracias. -me quedé parada por las palabras que acababa de escupir Justin. Algo dentro de mi, comenzó a romperse, pero en el fondo sabía que solo  lo decía porque estaba resentido. Si fue mi culpa dejarlo marchar para que él pudiera seguir cumpliendo su sueño, me declaro culpable. 
- No te preocupes, Pattie. Será mejor que nos marchemos. Un placer haberos vuelto a ver. -le di un beso en la mejilla a Pattie, y un abrazo a Kenny. Lorena hizo lo mismo. Miré a Justin. Él me sostenía la mirada que se volvía cada vez más fría al contactar con la mía. 
- Eso, vete. Es lo mejor que sabes hacer. Huir de las cosas... -susurró. 
- Y tú lo mejor que sabes hacer es seguir siendo el mismo gilipollas. -le grité. No iba a consentir que me faltara al respeto. Entiendo su decepción, y su odio hacia mi, pero eso no le permitía tratarme mal, porque no me lo merecía. Salí por la puerta con un paso ligero. Lorena y Cassie se quedaron atónitas ante la escena. Sin embargo, salieron corriendo tras de mí. 
- Justin. Vete ahora mismo a pedirle disculpas. -le obligaba Pattie molesta por cómo su hijo me había hablado. 
- ¿Yo? ¿Por qué? Es ella la que me acaba de insultar. 
- ¡Justin! -gritó molesta la mujer. 
- Joder. Está bien. -y así lo hizo. Corrió hasta darnos alcance. Estábamos saliendo al parking donde había aparcado mi coche, y noté un brazo agarrando el mío. 
- Espera, Sophie. -me giré y traté de escaparme de su agarre. 
- ¿No tuviste suficiente? -se me empañaron los ojos. Justin cambió la mirada que había visto hace unos minutos de intensa a mirarme con ternura. 
- Por favor, no llores. Perdóname. -con el dedo pulgar secó mis lágrimas tiernamente.- Soy un tonto. No me imaginé que pudiera volverte a ver... -clavó su mirada en mis labios, y se acercó lentamente. 
- Justin, no. -puse mi mano en su pecho, y lo aparté con cuidado. Él pareció entenderlo, así que cambió de tema.
- ¿En qué hotel te estás quedando? -me preguntó. 
- En uno de aquí cerca. Está a dos manzanas, más o menos. -le expliqué. 
- ¿Es el que está al lado de un Starbucks?  
- No sé.. -dudé- la que sabe es Cassie. Todavía no hemos pasado por allí, pero... creo que sí. -recordé que Cassie me había hablado sobre desayunar en un Starbucks que se encontraba cerca del hotel en el que nos alojaríamos. Sin embargo, no estaba muy segura. 
- Ya sé cual es. ¿Queréis que os lleve? Yo también me hospedo allí, y no me importa llevaros. -se ofreció amablemente. 
- Da igual. Yo he traído mi coche, y puedo conducir perfectamente. A parte, no está muy lejos. Pero... gracias de todas formas. -le sonreí, y me di la media vuelta con la intención de entrar en el coche donde Cassie y Lorena me esperaban impacientes, pero Justin se puso delante de mi. 
- Sophie -comenzó- tenemos que hablar de muchas cosas. Por favor, dame dos minutos, no te quitaré más tiempo. 
- Justin, no es buena idea. 
- Sé que estás con Christian... -agachó la cabeza.
- No lo digo por eso. Lo que pasa es que he conducido desde la universidad hasta aquí, y estoy muy cansada. -me excusé. 
- Está bien. Bueno, como nos hospedaremos en el mismo hotel, si quieres después te puedes pasar por mi habitación. Es la 105, y hablamos más tarde. 
- Justin...
- Por favor, Sophie. Creo que me lo debes. Por favor. -me suplicó. Dios, esa carita y esos ojitos de cachorrito podían conmigo. 
- Intentaré pasarme cuando estén las chicas durmiendo, si es que yo no me quedo frita. No te prometo nada. 
- Gracias. -besó una de mis manos como todo un caballero, y se marchó para reunirse con los demás. 
Al entrar en el coche, Lorena y Cassie me estuvieron haciendo preguntas. No paraban, así que, no les comenté nada sobre lo que hablamos Justin y yo. Al llegar al hotel, cogimos la llave de la habitación y nos acomodamos. Nos pusimos los pijamas, y ellas se metieron en la cama mientras yo me cepillaba los dientes. Al salir del baño, las dos dormían profundamente. Yo no sabía que hacer. ¿Ir o no ir? Esa era la cuestión. Miré el reloj "11.23pm" ¿Será muy tarde? Me pregunté a mi misma. Salí al pasillo, y no había nadie. Sin embargo, las luces estaban encendidas. Bajé lentamente las escaleras hasta llegar al pasillo donde supuestamente se encontraba la habitación de Justin. Con un pijama muy mono, descalza y con el pelo revuelto, toqué sin hacer mucho ruido en la habitación 105. Inspiré profundamente. Nadie me habría. Volví a intentarlo. Esperé antes de volver a tocar, y se abrió la puerta. Me quedé con la boca abierta por la imagen que tenía frente a mi. Justin con el pelo alborotado, los ojos medio cerrados y... solo en boxers. 
- Sophie -su voz sonaba como sorprendida. -No pensé que vendrías. -se estregó un poco los ojos, y soltó un leve bostezo. 
- Últimamente piensas mucho, y no das ni una. -soltó una pequeña risa. -Si quieres podemos hablar mañana. Te ves cansado. 
- No, no. Pasa. -abrió un poco más la puerta para que pudiera pasar. Tímidamente, entré y me quedé mirando su habitación. Él se tumbó de nuevo en la cama revuelta. 
- Te puedes sentar, si quieres. -se tapó un poco hasta el pecho. 
- No, da igual. Estoy bien así. 
- Sophie, por favor. Ven aquí y siéntate. No te voy a hacer nada malo. -se rodó un poco para hacerme sitio. Le hice caso y me senté al lado suyo en la cama. 
- Bueno... ¿de qué querías hablar? -le pregunté. 
- De nosotros. 
- No, Justin. Ya no hay nosotros. No te confundas. -le expliqué. Me volví a poner de pie, un poco incómoda y nerviosa, sobre todo. 
- Siempre habrá un nosotros, Sophie. El verdadero amor nunca se olvida. -me contestó. Comencé a andar por la habitación nerviosa con los brazos cruzados. 
- Justin. Yo estoy con Christian y tú con... la rubia esa. -me eché el pelo para atrás, nerviosa. Él se levantó. 
- Si estoy con ella, es porque tú me dejaste. He pasado más de un año sin saber de ti, Sophie. -me cogió mis manos y las rodeó con las suyas. 
-Lo sé. Por eso, ya no hay marcha atrás. ¿Sabes qué? No debería haber venido. -solté sus manos, y me encaminé hacia la puerta. Justin me cogió por la cintura, y me obligó a mirarlo contra él. 
- Dime que ya no sientes nada por mi, y que todo se acabó. Dímelo y no insistiré más. 
- Yo... -me estrechó más contra su abdomen desnudo. 
- Dímelo, Sophie. -me susurró. 
- N-no.. -tartamudée. ¿Qué debía hacer? ¿Decirle una mentira? -no puedo.. -terminé la frase.
- Me lo imaginaba. -con una sonrisa de picardía, capturó mis labios desesperadamente. 
Me llevó hasta la pared, y quedé atrapada por ésta y por su cuerpo. Agarró mi culo, y me elevó. Rodeé mis piernas por su cintura. Aún contra la pared, y conmigo en peso, Justin dejó mis labios y comenzó a besarme el cuello. Eché mi cabeza un poco para atrás hasta donde la pared me dejaba, y pequeños gemidos escapaban de mi boca. 
- Sophie... -dijo con la respiración entre cortada en mi cuello - te necesito... -terminó como pudo la frase y fue en busca de mis labios de nuevo. Nuestras lenguas deseosas, no paraban de juguetear. Dejamos la pared atrás, y me llevó hasta la cama. Me recostó despacio y se puso encima mío. Volvió a mi cuello con unos besos lentos. Me quitó la camisa, y quedé en sujetador. Aunque, éste desapareció al poco tiempo. 
- Justin... -lo llamé. -Justin, para. -lo miré a los ojos. 
- Perdona. No debí, lo siento. -intentó apartarse pero no lo dejé. 
- Justin. -se me hizo un nudo en la garganta. Lo que iba a decir cambiaría todo. Cambiaría la relación entre él y yo. Aclaré mi garganta y lo solté - soy virgen. -él se quedó pálido, y sus ojos se iluminaron. 
- Entiendo. No te preocupes. Esperaré... 
- No. No quiero esperar más. Puede que mañana me arrepienta, pero te amo, Justin. Nunca he dejado de hacerlo por más que he intentado olvidarte. Quizás, no tengamos otra oportunidad como esta. Siempre he dicho que la primera vez sería con alguien a la que verdaderamente quiero. Y... ese eres tú, Justin. -una sonrisa apareció en su rostro. 
- Yo también te amo, princesa. Por favor, no lo dudes nunca. Te amo, te amo, te amo. -apoyó su frente en la mía. Ya nada importaba. En ese momento éramos él y yo. -Haré todo lo que pueda para que esto sea mágico para ti. Lo haré con cuidado, princesa. ¿Estás preparada para esto? 
Asentí con la cabeza. Estaba más que preparada. Lo quería y él me quería. Era una razón más que suficiente para querer hacerlo. Tal vez, a la mañana siguiente nada cambiaría entre los dos, pero ambos sabíamos lo que nuestros cuerpos pedían a gritos. Ser uno solo. 
Buscó mi boca y me besó con lentitud, perfilándome los labios con la puntita de la lengua antes de adentrarse en las profundidades de su boca. Justin descendió sus labios a lo largo de mi cuello. En una leve caricia, un gemido escapó de mis labios cuando Justin capturó uno de mis pezones y los mordisqueó antes de lamerlos. Curvé mi espalda y me retorcí en el colchón por el placer que me recorría de pies a cabeza. Mis piernas se separaban como por arte de magia, cada vez más. Justin deslizó su mano para deshacerse de mis pantalones y de mis braguitas. Un gritito se escapó de mi garganta cuando Justin abarcó mi sexo con la palma de la mano, mientras continuaba lamiendo uno de mis pezones erectos y un poco hinchados. Alcé mi cadera pisando el colchón, cuando Justin separó los pliegues de mi sexo y se adentró en él con un dedo. Comenzó a moverlo lentamente, mientras yo me moría de placer. Me costaba respirar con normalidad. Mis manos estaban sujetas contra la cama, agarradas por las manos de Justin sin brusquedad. Mi cuerpo ardiente se movía sin cesar. Luego, introdujo otro dedo dentro de mí. Gemí. Ya no aguantaba más la espera y eso no fue todo. Sin que me diera cuenta, sus manos ya no sujetaban las mías. Justin dejó una hilera de besos sobre mi vientre mientras descendía y se colocaba en mis piernas. ¿Qué pretendía hacer? Contuve el aliento. Hasta que él separó mis pliegues y pasó su lengua de arriba hacia abajo. Otro gritito resonó en la habitación, seguidos de los gemidos que llegaron cuando él aumentó la presión de su lengua, insistiendo en mi clítoris, mientras seguía moviendo sus dos dedos, ya en mi, en círculos. Me aferré a las sábanas, y de vez en cuando me mordía el labio por no gritar y que todo el hotel supiera lo que estábamos haciendo. Mis caderas se mecían de arriba hacia abajo inquietas. Lo llamé, mientras el orgasmo se apoderaba de mi cuerpo. Mis ojos permanecía cerrados, y mis caderas se movían empujando la boca de Justin. Cuando al fin cesó, caí sobre el colchón y suspiré con fuerza. 
Justin se arrodilló delante de mi, y me acarició la parte interna de los muslos. Lo agarré del cuello, y cambiamos de posición. Ahora, él iba a ser quien me suplicara que parase. Aún con sus boxers puesto, y yo sin ropa. Me senté sobre su erección, y me froté contra él haciendo que éste perdiera la cabeza. Me mordí el labio inferior mientras jugueteaba con la punta de los boxers. 
- Princesa... -cerró los ojos, y no pudo terminar la frase, porque había liberado su erección. Arrojé los boxers hacia un lado. Mis manos se encontraban alrededor de su entrepierna. Las subía y bajaba, mientras él jadeaba. 
- Me voy a co... -aparté mis manos, y reí. -No puedo esperar más -dijo sometido al placer que le había ofrecido segundos antes. -¿Lista? 
- Hazlo, ya. Por favor. -le pedí. 
Él se situó y se puso el preservativo, y antes de que pudiera pensar en nada, un gritó resonó en la habitación en el momento en el que me penetró. Varias lágrimas recorrieron mi rostro, pero Justin se encargó de limpiarlas con unos besos tiernos. Salió de mi, y me miró preocupado. 
- ¿Te he hecho daño? 
- No. -negué con la cabeza- Sigue por favor. -le pedí extasiada por el placer. 
Justin abrió más mis piernas para tener un mejor acceso. Jadeé. Grité. Mi corazón iba a mil por hora. Comenzó con movimientos lentos, pero luego el dolor se convirtió en placer, y me embestía con más rapidez. Estaba a punto de llegar al primer orgasmo y Justin conmigo. Me penetró con fuerza, y me aferré a sus hombres, mientras me embestía una y otra vez, sin perder el ritmo. Mi sexo palpitó abrazándolo, y un grito salió de nuestras gargantas cuando un segundo orgasmo se apoderó de nosotros. Justin me miró a los ojos antes de alcanzar el climax, y cayó sobre mi cuerpo empadado de sudor, al igual que el suyo. Lo abracé, él aún seguía dentro de mi, y no quería que se fuera. 
- Ha sido... -comencé a decir. 
- Espectacular... -terminó él con dificultad. 
Nos miramos y nos fundimos en un profundo beso. 
- Te amo con toda mi alma, Sophie. 
- Y yo a ti. 
Tras decir esto, salió de mi, y se acostó a mi lado. Me abrazó, y así quedamos profundamente dormidos. Pasara lo que pasara al día siguiente de despertar de este maravilloso sueño, ya nada podría cambiar lo que había pasado entre Justin y yo. Aquella, era una noche mágica y nunca se olvidaría tan fácilmente... 

sábado, 12 de noviembre de 2011

Capítulo 56- "Una propuesta" PARTE 2.

Después de que Cassie me hubiera dejado dudando sobre lo de ir o no al concierto con ellas, decidí ir a mi habitación para relajarme. Sin embargo, al entrar estaban Lorena y ella buscando información en el ordenador. Dejé mi bolso en la cama, y me tiré hacia atrás cayendo en ella, exhausta por el día que había tenido. Las clases me agotaban como a todos, pero al menos era jueves. 
- ¿Qué hacéis? -pregunté con la mirada en dirección al techo. 
- Esto... -dudó Cassie. -lo del concierto. Estamos buscando un hotel para alojarnos por una noche. Después del concierto, claro. 
- ¿Tenéis las entradas? -les pregunté. 
- Sí -contestó Lorena- quedaban pocas, pero pudimos reservarlas. 
- Ah... -suspiré y tragué saliva- ...¿puedo ir con vosotras? 
- ¿Lo dices en serio? -Cassie me miró y yo asentí con la cabeza. Dio un salto en la cama y cayó sobre mi. -¡Muchas gracias, Sophie! En serio, te lo agradezco muchísimo. 
- No tienes por qué -la abracé- sé lo que es tener el sueño de conocer a tu ídolo, y a veces pensar que nunca podrás conseguirlo, que todo es tan complicado que nunca tendrás esa oportunidad, pero la vida da muchas vueltas, y por una razón o por otra si de verdad, tienes un sueño, debes luchar por ello, y no rendirte jamás. 
- Never say never -dijo Cassie con una lágrima recorriendo su mejilla. 
- Sí... never say never -susurré, y no pude evitar que las lágrimas agolparan mis ojos. 


A los dos días siguientes, Cassie estaba que saltaba por todos lados de la emoción. Había llegado el día de que su sueño se hiciese realidad. El que tanto había esperado, y me sentía satisfecha al verla de ese modo. Le había contado a Christian lo del concierto y que iría. Al principio, no le hizo mucha gracia, pero luego entendió que no puedo dejar a mi hermana y a Cassie solas. Se ofreció a llevarnos, pero sabía que si él iba con nosotras, sería un viaje incómodo y tenso así que preferí decirle que yo las llevaría. Total, iríamos al concierto, nos quedaríamos en el hotel a dormir por una noche, y al día siguiente todo volvería a la normalidad. Sin que Justin y yo cruzáramos palabras. No creo que de toda la multitud, me divise a mí entre millones de adolescentes gritando su nombre. Aunque ya creo que eso no tiene caso. No le importo. Él tiene su vida y yo tengo la mía. Todo es mejor así.  Espero que algún día, él entienda por qué lo dejé marchar. Si es que... tengo la oportunidad. 


Horas más tarde 


-¡Cassie! ¿Quieres dejar la radio quieta? -yo iba conduciendo y ella no hacía más que tocar los botones de la radio, y cambiaba de canción una y otra vez. Cosa que me desesperaba. Lorena iba detrás como quien no quiere la cosa intentando  pasar desapercibida. 
- Vale, vale. -levantó las manos en son de paz- pero es que no hay una canción chachi para irla cantando. ¿Soy la única que está emocionada por ver a Justin? 
- Ehmm... sí. 
- ¡Qué aburridas que sois, por favor! -se recostó en el sillón. -¿Queda mucho? 
- No. Tranquila, ya estamos llegando. 
- ¡Bien! -aplaudió, y volvió a encender la radio. La dediqué una mirada atravesada. -Tranquila, solo voy a poner el CD de Justin. 
- No, por favor.. -suplicó Lorena desde atrás. -Ya lo oirás cantando en directo. 
- Y, ¿qué? Tengo que practicar. Venga, ¡cantemos! -puso la primera canción "Somebody to love" y subió el volumen. 
- Cantarás tú sola, bonita porque yo no tengo ganas. -cambió de canción "Never let you go".
Me quedé perpleja al escuchar esa canción. Muchos recuerdos vinieron a mi cabeza en un momento dado. *Esa canción...* pensé. Cassie comenzó a cantarla, y yo la susurraba mientras pensaba en él. No pude evitarlo y comencé a llorar. Cassie no se percató de ello, pero Lorena sí. Por eso, me colocó su mano en mi hombro en señal de cariño y apoyo. 


Por fín, llegamos al concierto. Estaba abarrotado de chicas con carteles, cantando y gritando. Aparqué por fuera, donde pude y salimos. Cassie quedó petrificada al ver toda la cola que tenía delante de ella. Si pensó que llegaría la primera, estaba muy equivocada. Habían sacos de dormir por el suelo, y tiendas de campaña. Nos acercamos a las chicas que estaban en el final de la inmensa cola. 
- ¡Hola! -saludó Cassie. -Soy Cassie, y, ¿vosotras? 
- Yo me llamo Alice. Encantada, Cassie-contestó una pelirroja de hermosos ojos verdes. -Y estas son mis amigas : Amy, Cheryl, Emilie y Bonnie. -todas sonrieron y saludaron con la mano. 
- ¡Guay! Encantada chicas. Yo también os quiero presentar a mis amigas. Esta es Lorena. -señaló a mi hermana, y ella les sonrió. -Y ella... Sophie. 
- Hola. -contesté un poco nerviosa por el hecho de estar rodeada de beliebers que si sabían quien era o me pondrían buena cara o me matarían. Una de dos. 
- ¿Por qué me sonará tanto ese nombre? -preguntó una rubia. Creo que era Emilie. Según lo que Alice nos había dicho al presentarlas. 
- Hay muchas Sophies en este mundo. No sé. -me encogí de hombros. 
- ¿No eres tú la que...? -comenzó la morena llamada Bonnie. Se me hizo un nudo en el estómago- No, no eres tú. -terminó de decir. Suspiré aliviada. 
- ¿De dónde sois? No tenéis acento americano. 
- Somos de España. Estamos en una universidad de LA.
- Ah... -contestaron todas. 


El tiempo se nos pasó rápido y ya era hora de que nos abrieran las puertas. Pude ver como chicas salían corriendo para coger un buen sitio. Y Cassie, no fue la excepción. Desde que le dio la entrada al guardia, y éste revisó que todo estaba en orden. Corrió como si le fuera la vida en ello. Y gracias a eso, conseguimos unas buenas vistas. 
- Te odio. Me has hecho correr. -le reclamé con la respiración entrecortada. 
- ¡No me puedo creer que esté en primera fila! -obvió lo que le había dicho, y siguió flipando al mirar por todos lados, intentando encontrar a Justin. 
- No sé por qué he venido. -susurré. 
- Sophie, tranquila. Es un concierto. Nada más. -me consoló Lorena. 
- Tienes razón. Lo haré por esta loca. -señalé a Cassie. Lore rió ante mi comentario.


Tras una hora estando de pie, y con muchas beliebers nerviosas a mi lado, se apagaron las luces, y apareció una pantalla con la cuenta hacia atrás. Todas comenzaron a gritar como locas.   Lo peor es que creía que me había quedado sin tímpano gracias a ellas. Cuando el reloj marcó 0 Justin apareció de la nada de espaldas al público. 
- ¡Wow! -gritaban todas. Lorena y yo creo que éramos las más normales entre todas esas, puesto que, no hacíamos ningún gesto. Tan sólo observábamos. Comenzó a sonar la primera canción, y Justin se giró de cara a la muchedumbre. Llevaba unas gafas blancas de sol, y.. ¿se había cortado el pelo? Parecía todo un hombre con ese nuevo look. Desde que comenzó oficialmente en el alocado mundo de la música, Justin había sido criticado por muchas personas debido a su personalidad o simplemente por su atuendo. Odiado por esos haterz que solo se encargan de hacerle la vida imposible, ya que no tienen otra cosa que hacer. Querido por millones de beliebers que darían todo por él, que sacan las uñas si alguno se atreve a meterse con él. Pero realmente, ni unos ni otros lo conocían tanto como yo. Era, es, y seguirá siendo una persona increíble con la cual te puedes reir, y si quieres llorar, él siempre sabrá como brindarte una sonrisa y hacerte los días mejor. Siempre te dará su hombro para que te apoyes y no te derrumbes. Siempre te agarrará fuerte, y no dejará que te tambalees y caigas. Siempre te protegerá de todo lo que te pueda hacer daño. Así era él, tan perfecto... pero nadie lo conocía como yo lo había hecho. Excepto Pattie. Ahora, se había convertido en todo un hombre físicamente con ese corte de pelo. Y se notaba que había madurado bastante.
Sin darme cuenta, Justin ya había cantado varias canciones. 
- ¿Cuál toca ahora? -le toqué en el hombro a Cassie que estaba distraída mirando embobada a Justin. 
- ¿Qué? -preguntó en voz alta porque el ruido de la música se lo impedía. 
- ¡Qué cual toca ahora! -le grité. 
- Tampoco hace falta que me grites. -la miré con cara de "¿En serio, Cassie? ¬¬" -La de One less lonely girl, creo. -devolvió su atención a Justin quien comenzaba a hablar. 
Alguien me agarró del brazo, y me llevó hacia delante. Me intenté zafar, pero no pude. 
- ¿Te gustaría ser la OLLG de esta noche? -me preguntó una mujer rubia. *Mierda* me dije para mí. La mujer me miró a los ojos por un buen rato hasta que al final preguntó lo esperado "¿Sophie?" 
- Hola, mama Jan. -le contesté con una sonrisa.
- Madre mía. No me puedo creer que estés aquí. Mírate. Estás muy cambiada y mucho más hermosa que antes. A Justin le va a encantar verte. 
- No, no, no. Por favor, no le digas nada. -le rogué. 
- Está bien. Como digas. Entonces, ¿no subes? 
- No, no creo que me merezca yo esta oportunidad. -Mama Jan hizo una cara de decepción. -Pero, tengo a alguien que estoy segurísima que le encantará estar en el escenario. -su cara cambió. 
- ¿Quién es? -preguntó ansiosa. 
- Se llama Cassie. -me acerqué a Lorena, y le comenté lo que tenía planeado en el oído. Ella le dijo a Cassie que alguien quería hablar con ella. Al principio, no quería distraerse hablando con nadie, ya que se perdería la canción, pero tras decirle que era muy importante, accedió. Cuando se acercó a nosotras, se le iluminaron los ojos. 
- ¿En serio? -preguntó muy emocionada. 
- En serio. Venga, sube. Aprovecha tu oportunidad. -le dijimos mientras la ayudábamos a saltar la valla. 
- Mama Jan, muchas gracias. -le agradecimos Lorena y yo. 
- No hay de qué, chicas. ¿Queréis aunque sea entrar al backstage y ver a Pattie? Le gustará mucho volver a veros. 
- ¡Sí, claro! -contestó Lorena. 
- No creo que sea buena idea... -dije yo. 
- Por favor, Sophie. Hablamos con ella hasta que se termine la canción, y nos vamos. -me pidió Lorena. 
- Está bien -ambas saltamos la valla con ayuda de los guardaespaldas y nos fuimos para dentro. 
- ¿Sophie? -me llamó alguien por detrás. 
- ¿Kenny? -corrí hacia él y lo abracé. -¡Kenny! ¡Te he echado mucho de menos! 
- Y yo a ti, pequeñaja. -correspondió mi abrazo. -¿Qué haces aquí? 
- Es una historia muy larga, pero me alegro de volver a verte. ¿Has crecido? -me cogió en peso, y me volvió a dejar en el suelo. Ambos reímos. 
- No, sigo igual que antes. -rió. 
- Menos mal, si no llegas al techo. -comenzamos a caminar para entrar en el backstage. Ya la canción había comenzado y pude observar como salía Cassie radiante, y alumbrada por los focos. 
- Mirad a quién me he encontrado por el camino. -se apresuró a decir Kenny cuando hubimos entrado. 
- ¡Sophie! -Pattie se levantó al verme y yo corrí para abrazarla. 
- ¡Kenny! -gritó Lorena en busca de un abrazo. 
- ¡Lore! No sabía que estabas aquí con Sophie -la estrechó contra su cuerpo. 
- Ya sabes que donde está Sophie, estoy yo. -reímos. 
- ¿Cómo estás? Por lo que veo, HERMOSA. -dijo Pattie mientras me miraba de arriba para abajo y le ponía énfasis en la última palabra. 
- Gracias. -sonreí tímidamente. 
- Sentaos, por favor. -nos ofreció Pattie. -¿Queréis algo de beber o..?
- No, no. Estamos bien, gracias. -respondió Lorena. 
- Bueno, pues.. contadme, ¿qué hacéis en LA? -se interesó Pattie. 
Le empezamos a contar todo lo sucedido y yo rezaba porque Justin no nos viera. Ya había terminado la canción, y si por casualidad entraba para cambiarse de ropa o algo, estaba perdida. 
- Muchas gracias por esta noche, en serio. Nunca creí que pudiera conocerte así tan de cerca. -se oyó decir detrás de la puerta. Luego, ésta se abrió y aparecieron Justin y Cassie. 
Me levanté rápidamente de la impresión, y él se quedó pálido como si hubiera visto a un fantasma. 
- Ss..Ss..Sophie. -se acercó lentamente.
- Hola, Justin...



miércoles, 19 de octubre de 2011

Hola beliebers. Bueno, aquí os dejamos el cap. 55 como veréis en este cap. las cosas van a cambiar... y se va a volver todo más interesante ^^ Gracias por sus comentarios, que sepáis que los leemos todos aunque no os contestemos. Muchas gracias por seguir con nosotras, sin vosotras la novela no sería nada. GRACIAS, Y GRACIAS :) Esperamos que sigáis comentando más y por favor. ¡NO QUEREMOS FANTASMAS! Así que, si no habéis comentado POR FAVOR hacedlo :) Gracias de nuevo a las que si lo hacéis. Un beso <3 

Capítulo 55- "A la orilla, contigo"

Narra Christian 


Deslicé mis nudillos sobre la puerta. Toqué una vez. Esperé. Nadie me abría. Normal eran las 8am, sábado, y yo estaba ahí plantado con un nudo en el estómago. ¿Por qué estaba tan nervioso? Esa pregunta rondaba por mi cabeza haciendo que ésta me doliera. Me acaricié la sien, y volví a tocar. Nada. Acerqué mi oído despacio a la puerta, pero no se escuchaba ni un mísero ruido. ¿Qué estoy haciendo aquí? Me pregunté. Negué con la cabeza, y me puse las manos en los bolsillos de mi pantalón. Me di media vuelta para volver a mi residencia. Esto está mal -pensaba una y otra vez. Di unos pasos para marcharme, pero oí un ruido tras de mi, una puerta abriéndose.
- Ho-hola. -tartamudeé tímidamente. 
- Hola -contestó ella. Estaba en pijama con el pelo un poco revuelto. Sus ojos se encontraron con los míos haciendo que mi corazón diera un giro de 180º ¿Por qué? No lo sabía. De lo que sí tenía idea era de que si seguía mirándola por más rato, formaría un gran charco de babas. Pero, es que era perfecta tal y como era sin cambiar absolutamente nada. 
- ¿Qué haces a esta hora por aquí, Christian? -me preguntó sacándome de mis pensamientos. -Son las 8 de la mañana.. -soltó un leve bostezo. Que hermosa se ve de esta manera... -pensé.
- Verás -di un paso para acercarme más a ella. -Me preguntaba si te gustaría ir a desayunar conmigo para luego dar una vuelta por LA. Si quieres, claro -aclaré esperando un sí por su parte. 
- ¿A esta hora? ¿No puede ser más tarde? Es que, estoy un poco cansada. Ya sabes, las clases me agotan. -apartó un poco el pelo que le caía sobre la cara. "Deja de hacer eso, me estoy poniendo... ¡YA, CHRISTIAN, PARA!"
- Te entiendo. Ya quedaremos otro día no te preocupes. -me di de nuevo la media vuelta para irme con un rechazo. Un poco de tristeza se reflejó en mi rostro. 
- Espera, Christian. -me detuvo poniendo una de sus manos en mi brazo. La miré con una leve sonrisa. 
- La verdad, no quiero quedarme todo el día aquí. Así que, está bien. Me encantaría conocer LA -hizo una pausa- contigo.. -se sonrojó, y yo le di un pequeño beso en la mejilla. 
- Te aseguro que te lo vas a pasar genial, pequeña. -le afirmé, acariciando su mejilla enrojecida. -Te veo en... -miré mi reloj- ¿...media hora en la entrada? 
- Hecho. No tardo. -y con una de sus fantásticas sonrisas, cerró la puerta, y yo me quedé plantado como un tonto mientras mi corazón latía fuertemente. 
- ¡Sí! -levanté mi puño en señal de victoria y me alejé de allí, dando saltos como un niño pequeño. 


Narra Sophie 


Tras haberle dicho a Christian que sí, abrí mi armario con una gran sonrisa en mi cara. No sabía por qué, pero este chico me transmitía seguridad, cariño, y eso era lo que más anhelaba. Alcé la vista hacia la cama de las chicas, y ahí se encontraban durmiendo como dos angelitos. Decidí escribirles una nota para que no se preocuparan:


Chicas, salí con Christian a dar una vuelta por LA. Espero que no os importe. Volveremos pronto. Portaos bien. Os quiero xx 


Seguí buscando algo que ponerme. Quería vestirme de una forma elegante, pero no era cuestión de pasearme por todo LA con tacones. Además no me quería poner ropa que no pegara con mi estilo. Es como si le pusiéramos traje y corbata a un payaso. Totalmente incompatibles. 
Había amanecido soleado, algo que me alegraba. Así que, finalmente opté por ponerme esto:


Me maquillé un poco, lo necesario, y puse rumbo a la entrada. Estaba nerviosa, he de reconocerlo. Al llegar, busqué a Christian y allí estaba tan guapo como siempre, apoyado en la pared con la mirada perdida y sus manos en los bolsillos. ¡Qué sexy..! pensé para mis adentros no sin antes morderme un poco el labio inferior. 
Le saludé con la mano, él hizo lo mismo, y me acerqué a él con pasos ligeros. Lo agarré del brazo como si fuéramos algo más que amigos. Él se sorprendió, pero no rechazó mi gesto. Es más, parecía estar... ¿encantado? Sí, esa palabra. 
- Y, ¿entonces? ¿Qué haremos hoy, señor Guía? -reí. Él me miró, y soltó una carcajada.
- Primero que nada, comer porque estoy que me muero de hambre. -alargó la palabra "hambre". Yo tan solo asentí. Llegamos hasta un Starbucks. Él como todo un caballero al abrir la puerta me dejo paso a mi primero. Pedimos dos frappuchinos. Christian insistió en pagarme el café, sin embargo a mi no me gustaba eso hasta que al final de tanto insistir me digné a dejar que él pagara lo mío. Salimos del lugar, él con una mano en mi cintura mientras que con la otra sujetaba su frappuchino. "Somos amigos, ¿no? Los amigos hacen eso, ¿a qué sí? Dios, que tonta me sintió haciéndome preguntas que yo sola puedo contestar." 
Seguimos caminando, y nos empezamos a hacer fotos. ¿Qué chica está en LA y no lleva encima su cámara? Por ahora ninguna, y yo no iba a hacer la excepción. Nos sacábamos fotos divertidas y con paisajes increíbles. Por supuesto, fuimos a Hollywood, y le pude sacar una foto al letrero ese tan grande que siempre había querido ver de cerca. Pasamos por el paseo de la Fama, con todas las estrellas con los nombres de los grandes artistas grabados en ellas, en el suelo. Algo totalmente fascinante. Christian era el que cargaba la cámara, ya que yo siempre era la que quería sacarse fotos, y no paraba. 
Pasamos toda la mañana dando vueltas, riendo, hablando y otras muchas más cosas. En definitiva, estaba siendo un día que por nada del mundo quería que terminara. 


Narra Christian 


Llegamos hasta una playa. El mar en calma y mucha gente haciendo deporte. La cogí de la mano, un gesto cariñoso. Pude notar como se estremecía ante el contacto de nuestros dedos entrelazándose. Pensé que tal vez no le gustaría que le tomara la mano de esa forma, puesto que la gente pensaría que somos algo más que amigo. Algo que realmente me encantaría que pasara.  Sin embargo, se pegó más a mí y acunó su rostro en mi pecho. Le di un pequeño beso en la frente mientras seguíamos caminando por la arena tibia. Me sentía agusto, muy agusto. Me preguntaba que estaba sintiendo Sophie en ese mismo instante, mas permanecí callado. Fuimos hacia la orilla con nuestros zapatos en la mano aun juntos, tomados de la mano. Cuando el agua hubo tocado nuestros pies, Sophie se apartó de mi.
- ¡Está muy fría! -se quejó señalando el agua. 
- ¡Venga, va! ¿Ahora le tienes miedo al agua? -le pregunté en tono burlona. 
- ¡Claro que no, tonto! -me dio un pequeño golpe en el hombre. Reí. 
- Pegas como una nena. 
- SOY una nena. -aclaró. 
- Ah, pues para tener 4 años estás demasiado, ¿cómo decirlo? Mayorcita. -reí al ver su cara de enojo. 
- ¡Te mataré! -me señaló con una mirada desafiante. 
- No, no lo harás. -le advertí bajando el dedo con el que me apuntaba. 
- ¿Qué no? ¿Cuánto nos apostamos? -preguntó, pero en ese mismo instante eché a correr por la orilla hacia no sé donde. Las playas tienen algún fin. Así que, daba por hecho que por mucho que corriera, no me perdería. Aunque las playas de LA suelen ser kilométricas. Sin embargo, no me importó, y seguí corriendo con Sophie intentando pillarme. 
- ¡No seas cobarde! -me gritó aun corriendo detrás de mi con la respiración entrecortada. 
- No lo soy -relajé un poco mi ritmo. Sentí un peso sobre mi espalda, y unas piernas rodeando mi cintura. 
- ¡Te pillé! -me susurró al oído orgullosa de haberme atrapado. 
Reí. Comencé a dar vueltas con ella sobre mi espalda. 
- ¡Para, para! -me suplicaba sin parar de reír. 
- ¿Ahora quién tiene a quién, eh? -ignoré su súplica, y giré más fuerte.
- ¡Christian Beadles! ¡Bájame! 
- ¡No! -negué con la cabeza. 
- Me estoy mareando. -apoyó su cabeza contra mi hombro, y supe que era hora de bajarla. Ya la había hecho sufrir por mucho tiempo. 
Debido a que yo también estaba mareando, al dejarla en el suelo, perdí el equilibrio de una forma muy patosa, y caí sobre ella quedando tan cerca que podía percibir su aliento. Un olor realmente exquisito, el cual yo me moría de ganas por inhalar. 
Reímos ante la torpe caída, pero todo quedó en silencio cuando sus ojos se clavaron en los míos. "Tengo que hacerlo" me obliga mi mente y corazón. Acerqué mis labios un poco más a los de ellas sin dejar de observar sus preciosos ojos, y...


Narra Sophie 


...me besó. Un beso corto, pero significativo. Se apartó un poco de mí volviendo a clavar sus ojos en los míos. Lo miré confundida, pero algo dentro de mi decía que lo siguiera besando como si al apartar sus labios de los míos me faltara algo. Por eso, no lo dudé un segundo más y rodeé su cuello con mis brazos. Acercándolo más, a medida que nuestros besos se iban intensificando de una manera rápida... 

martes, 11 de octubre de 2011

Capítulo 54- "Comenzando de nuevo"

Nota: Este capítulo se lo dedicamos a Caroline :3 

Días después...
-¿Cassie? -toqué en la puerta por segunda vez. - ¡Va, Cassi, abre! -dije desesperada. -Dios, me estoy meando. -murmuré.
Me recosté sobre el marco de la puerta, hasta que se abrió, y salió ella con una sonrisa de oreja a oreja. 
- Todo tuyo -salió. Suspiré. 
- Gracias -contesté en un tono sarcástico. -Ya pensé que te habías suicidado o algo ahí dentro -le confesé divertida mientras cerraba la puerta.
- ¡Ganas no me faltan! -me gritó desde fuera. Sonreí ante su comentario, e hice lo que venía a hacer en el baño. 
Cassie. Nuestra compañera de cuarto. Venía de una pequeña ciudad de Texas. Una chica de nuestra edad. Soñadora, alegre, simpática, muy guapa, aunque tímida, y un poco torpe. ¿Qué digo un poco? ¡Mucho! La conocimos justo el día en el que llegamos a la residencia de la universidad. Fue como un ángel caído del cielo, literalmente, puesto que apareció ante nosotras en el suelo por culpa de sus maletas de equipaje. Fue muy chistoso, aunque por supuesto la ayudamos a levantarse. A parte, de torpe, es bipolar. En el poco tiempo que la conozco ha tenido muchos cambios de humor. Puede estar cinco minutos feliz, y luego estar deprimida. También hay que decir que le entran ataques paranoicos. Un poco raros, la verdad. Pero ella es así, y por ahora me encanta. Es una chica muy abierta. Y cuando digo abierta, no me refiero a una fácil que va por ahí provocando a los chicos. Rotundamente no. Lo que quiero decir, que es una persona con la que coges confianza en seguida, y le puedes contar muchas cosas, porque se le da perfectamente escuchar y da buenos consejos, no lo voy a negar. ¿Lo peor? Que le gusta Justin. Sí. Y obviamente, tanto ella como todos los de la universidad saben que mantuve una relación con él. Pero es algo normal, creo. Ella sabe que no me gusta hablar del tema al igual que Lorena. En cambio, las tipas de la residencia murmuran cada vez que me ven, y empiezan a cotillear. No me agrada, sin embargo, no les voy a estar peleando porque sé que no merece la pena. En fin. 
Salí del baño, tras una ducha rápida. Me peiné un poco, y salí en ropa interior. Al abrir la puerta, Lorena, la cual estaba sentada en mi cama poniéndose los pantalones, hablaba con Cassie alegremente. Se me quedaron mirando de arriba a abajo, hasta que Cassie saltó con uno de sus comentarios: 
- Si fuera un chico, te tiraba sobre esta cama y te...-rió. 
- Vale. No quiero saber lo que viene a continuación. -reí mientras negaba con la cabeza. Esta chica no cambiaba. 
- ¿Por qué? -se comenzó a poner unas botas muy chulas. 
- Porque sé que vas a decir algo pervertido. -la miré de reojo. 
- ¡Es increíble que pienses eso de mi! -se hizo la ofensiva. Coloqué una mano en su hombro. 
- ¡Por Dios, Cassie! ¡Por supuesto que no lo pienso! -hice una pausa- Lo afirmó. -le guiñé un ojo y comenzamos a reír. 
Nos terminamos de vestir. Era nuestro primer día de clases, así que teníamos que ir bien vestidas, pero sin ser extravagantes. En LA estaba empezando el invierno. Más bien, parecía que ya estábamos en esa estación del frío que solía hacer. Sobre todo por las mañanas, y por las noches. Elegimos conjuntos sencillos, pero nosotras hacíamos que éstos parecieran elegantes, por decirlo así. 


Así que opté por ponerme esto:




















Lorena se puso esto:                                             
Cassie tenía más o menos el mismo estilo que nosotras. Ella con sus vans o sus converses, unos pantalones y una camisa cualquiera estaba más que preparada. Y le quedaba muy bien. 
Desayunamos las tres juntas como solíamos hacer desde que llegamos hasta que sonó el timbre. 
- No tengo ganas de nada... -masculló Lorena mientras caminábamos por los largos pasillos de la universidad con el fin de dar con nuestras taquillas. Algo completamente nuevo para nosotras. 
- Es lo que nos toca. ¿Qué clase te toca ahora, Cassie? -le pregunté mientras colocaba algunos libros que traía en la mano, en mi taquilla. 
- Literatura -contestó Cassie amargamente. -Bueno, chicas. Si queréis luego nos suicidamos las tres juntas comiendo y viendo pelis de miedo, pero por ahora más vale que me vaya si no llegaré tarde a clase. -cerró su taquilla y se despidió de nosotras. 
- ¿Te pasa algo, Lore? -la miré fijamente. Estaba callada y eso en ella era raro. 
- ¿Qué? No, no. Nada. -alejó sus pensamientos, y me sonrió. 
- Como digas. ¿Vamos? 
- Vamos. -cerramos las taquillas y pusimos rumbo a nuestra primera clase. 
- A ver, chicos. Por favor tomad asiento. -comenzó a decir la profesora. -Ante todo me presento. Mi nombre es Angelina, y seré vuestra profesora de Historia. Sé que algunos estáis un poco nerviosos porque sois nuevos, pero no tenéis por qué preocuparos de nada. Intentaré que las clases sean amenas, y no un tostón como otras asignaturas. -reímos. -Pero, no digáis nada, ¿eh? -molaba esta profe. Me estaba empezando a caer bien. Sonreí ante mis pensamientos. 
- Quiero darle la bienvenida a todos, pero en parte a dos chicas que vienen de España. La señorita -hizo una pausa para mirar la lista de alumnos, y prosiguió- Lorena, y su hermana, la señorita Sophie. -Todos miraron a donde estábamos. Me sonrojé. 
- ¿Queréis preguntar alguna duda, o comentar algo, chicas? -nos preguntó. Negamos con la cabeza, tímidas. -Muy bien. En ese caso, comenzaremos la clase. 
Pasamos la clase cogiendo apuntes, y concentradas en lo que Angelina nos explicaba. En cambio, habían momentos en los que me acordaba de él. De Justin. En cómo le estaría yendo, y que estaría haciendo en este preciso instante. 


Narra Justin


-Brittany. ¡Para! -me estaba haciendo cosquillas, y yo no podía parar de reír. Nos encontrábamos en mi cama, viendo una película, abrazados. Se colocó encima de mi, y comenzó a moverse lentamente. Esta chica me volvía loco. 
- Brittany, por favor. Mi mamá está al lado, y nos puede escuchar. -le supliqué con calor. 
- Mini-Bieber o bueno, como tus fans lo denominan, "La Bieberconda" no opina lo mismo, cariño. -besó mis labios, y siguió contoneando su cuerpo de arriba a abajo, excitandome. 
La besé apasionadamente. Comenzamos a jadear. Se quitó la camisa, y me dejó embobado mirando su precioso encaje negro, y los pechos que lo rellanaban. En ese momento, Sophie vino a mi mente. Traté de ignorar su imagen, pero era más fuerte que yo. Aparté a Brittany, apenado y me levanté. Ella me miró perpleja. 
- Brittany, yo... -clavé mi mirada en el suelo. Ella se acercó. -Lo siento. 
- No pasa nada, amor. Te entiendo. -la miré. ¿De verdad me entendía? ¿Sabría que paré por Sophie? -Tu mamá está al lado, y yo también lo siento. Me dejé llevar... -No lo sabía. Menos mal. Dejé caer un suspiro. Ella me abrazó. 


Narra Sophie 


-¡Menos mal! -Lorena resopló cuando el timbre para ir a la cafetería sonó. 
Recogimos nuestras cosas y nos dirigimos a poner los libros en nuestras respectivas taquillas. Cassie ya estaba metiendo sus libros, y cuando nos vio acercarnos, comenzó a saltar. Lorena y yo nos miramos como diciendo "Y, ¿a esta? ¿Qué le pasa?". Las dudas se nos fueron al instante. 
- ¿Sabéis qué? ¿Sabéis qué? -gritó emocionada. 
- No, no sabemos. A ver, cuéntanos. Seguro que estás deseando hacerlo. -la miré. 
- Pues sí, la verdad. Bueno, al grano. ¡Un chico me acaba de pedir salir! -sus ojos se iluminaron, yo me quedé completamente flipando. No es que no me alegrara por ella, al contrario me encantaba que estuviese así de contenta, pero ¿en dos días ya tiene un tío detrás de ella? ¡Qué envidia! 
- ¡Vaya! -soltó Lorena. -Y, ¿cómo se llama? ¿Está bueno? 
- ¡Lorena! -le di un pequeño codazo. 
- ¿Qué pasa? ¡Quiero saber! -se excusó ella, mientras se acariciaba el brazo por el golpecito que le di. 
- Se llama Jason. Y no, Lore. No está bueno. -hizo una breve pausa- Está BUENÍSIMO. -le contestó poniéndole énfasis en "NÍ".
- Me alegra que estés así de contenta. Tienes suerte, ¿eh, pillina? 
- Nah. -se sonrojó. 
- Disculpa, ¿eres nueva? -preguntó una voz masculina a mis espaldas. 
- S... -iba a darle una respuesta afirmativa cuando me giré y lo vi. Me quedé con los ojos abiertos como platos. Él me sonrió. -¿Christian? ¿CHRISTIAN BEADLES? -le pregunté sabiendo la respuesta, muy emocionada. 
- El mismo. -me acerqué un poco más a él y lo abracé con todas mis fuerzas. Madre mía, lo echaba muchísimo de menos. 
- ¡Vaya! Si que me quieres. -me devolvió el abrazo. 
- Siempre te he querido, tonto. -dije aún en sus brazos. 
- Y, ¿para mí no hay nada? -preguntó celosa Lorena. 
- ¡Claro que sí! ¡Ven aquí! -me soltó despacio, y fue hacia Lorena. Se dieron un fuerte abrazo, y se dirigió de nuevo a mi. Me recorrió con la mirada, y eso me hizo sentirme un poco incómoda. 
- Estás más hermosa de lo que te recordaba, Sophie. -me alagó. Yo solo sonreí un poco cortada y añadí: 
- Y tú. La verdad, es que estás más... -dudé en decirlo- bueno. -logré decir. 
(Christian Beadles 2011)


- Gracias. -me dio un pequeño abrazo. 
- Y yo aquí como una pared. -agregó Cassie. 
- Ups, lo siento. Christian está es Cassie, nuestra compañera de cuarto. 
- Oh, hola Cassie. Yo soy... -le tendió la mano. 
- Christian, Christian Beadles. -terminó de decir ella con las babas a punto de caer. 
- ¿Cómo lo sabes? -preguntó curioso él. 
- Pues, a parte de que Sophie lo acaba de decir, eres uno de los amigos de Justin Bieber. Por eso, sé de tu existencia. -contestó orgullosa, pero al notar una fría mirada por mi parte. Se disculpó. 
- Chicas, ¿queréis ir a comer algo? -preguntó Christian cambiando de tema sabiendo que me encontraba un poco incómoda. 
- ¡Claro! -dijeron Lorena y Cassie al unísono. 
Yo en cambio, me quedé con la mirada perdida, sin saber que decir.
- ¿Estás bien? -me preguntó éste acariciando una de mis mejillas cuando aquellas se hubieron marchado. 
- Sí. -mentí, y una pequeña lágrima rodando justo por donde él tenía su mano, lo demostró. Me sentí apenada, pero él con un abrazo cálido me hizo comprender que todo estaría bien. O eso, creía yo... 

viernes, 9 de septiembre de 2011

Capítulo 51- "Tenerte entre mis brazos"

Narra Sophie 

Nota: Este capítulo se lo dedicamos a Andrea :) 

Tras pasar un par de semanas en aquella blanca habitación decorada con unas cuantas flores preciosas, sin poder moverme de la cama, por fín, había llegado el día en que podía volver a casa.    Mis padres me vinieron a recoger junto con Ryan y Lorena. El poco trato que he tenido estos días con Ryan, la verdad es que me cae muy bien, y mi hermana se merece estar con un chico como él, que la respete, y sobre todo que la quiera. Pero, faltaba alguien. Él. El rubio con un rostro perfecto: sonrisa perfecta, labios perfectos, cuerpo perfecto, y ¿esos ojos color miel? No se pueden describir... 
Llegamos a casa, y estaba algo nerviosa. Por lo que Lorena me había comentado, Ryan y Justin volaron hasta aquí con la mamá de este último, Pattie. No la recordaba, y eso me frustraba un poco, pero no perdía las esperanzas de poder recordar estos últimos meses. 
Entramos y un perrito muy bonito vino hacia nosotros. 
- ¡Qué monada! -exclamé agachándome un poco para poder cogerlo mejor. 
- Se llama Bella, y es nuestra perrita. -me informó Lorena, acariciándola. 
- ¿Qué? ¿De verdad? -mis ojos se abrieron. Ella sonrió y asintió. 
- ¡Ya habéis llegado! -una mujer de pelo castaño un poco más alta que yo con unos preciosos ojos, no sé si eran azules o verdes, se acercó hacia la puerta para recibirnos. Honestamente, no me fijé mucho en el tono de sus ojos. -Sophie. ¡Qué alegría que estés de vuelta! -me abrazó tiernamente. Supuse que era Pattie, así que le correspondí el cariño que me había brindado. 
Seguía sin ver al rubio. Por eso, me atreví a preguntar, un poco nerviosa. 
- Y, ¿Justin? -pregunté tímida. 
- Está en la playa, me dijo que volvería luego. Necesitaba coger un poco de aire fresco... -asentí un poco triste. De repente, varias imágenes pasaron rápidamente por mi cabeza haciendo que llevara una de mis manos hacia mi frente; Ryan, Lore, Justin y yo en una playa, jugando en el agua, y el rubio dándome un beso. *No, no. Tengo que estar loca* pensé, y negué con la cabeza volviendo a la conversación -Ryan, cariño, ¿por qué no lo vas a buscar? Ya está la comida, y de seguro no se ha percatado de la hora. Lo he llamado varias veces, pero tiene el móvil apagado -le comentó Pattie. 
- Sí, claro. -aceptó él. Le dio un beso breve a Lore, y se dirigió en busca del rubio, "mi novio". 

Narra Ryan 

Salí en dirección a la playa, en la que se encontraba Justin. No estaba muy lejos, así que tardaría como unos 15 minutos si me daba prisa. Verlo en su estado, me mata. Nunca había estado así por ninguna otra chica. Jamás había dejado todo por alguien. Pero al parecer, Sophie le había llegado muy hondo, y había cambiado las cosas que él no ha hecho por otra persona. Ahora, está destrozado, con el corazón hecho trizas. Primero, se entera de su accidente. Luego, la grave situación que atravesaba Sophie, y ahora... ella, no lo recuerda. No logra recuperar esos momentos que pasaron juntos, las caricias, los besos... el amor. 
Sentí la arena bajo mis pies. Busqué a Justin, entre la gente que se acomodaba en el lugar. Muchas sombrillas, demasiadas toallas, hasta que al final lo divisé. Sentado en la arena, jugueteando con ella, como si un reloj de arena se tratara. Deslizándola entre sus dedos una y otra vez. Me quité las vans que traía puestas, y comencé a caminar hacia él. Estuve de pie unos cuantos minutos, mas éste no se había percatado de mi presencia. Le toqué el hombro y me senté a su lado. Todo quedó en silencio, menos por los niños que gritaban y jugaban dentro del agua. Hacía calor, era un hermoso día para pasarlo en familia y en la playa, en el agua, nadando. 
- Ya ha llegado, ¿verdad? -preguntó él triste rompiendo el hielo. 
- Sí. Estamos esperando por ti para comer. -hice una pausa - Todos juntos. -lo miré, y pude notar que lloraba. -Vamos, amigo. Ya verás como todo se soluciona -lo consolé. 
Se levantó de repente con ira. 
- Es que, ¿no lo ves? ¡No me recuerda, Ryan! -su expresión contenía rabia, tristeza. -Esto es una puta mierda. Mi vida se está yendo al infierno. -se llevó sus manos a su pelo, echándolo para atrás. -La persona que más amo en este mundo no se acuerda de mí, de nuestro amor. -comenzó a contarlo con los dedos- Mi carrera, ¿qué es de mi carrera? Ya no queda nada. Mis fans me están abandonando, y eso es lo peor que le puede pasar a un artista. Y por último, estoy destrozado. No tengo fuerzas para nada...
-Ey, Justin. -me levanté y lo abracé. Comenzamos a caminar por la playa hasta que la dejamos atrás, y nos pusimos rumbo a la casa de Sophie. 

Narra Sophie

Estaban tardando mucho. *¿Les habrá pasado algo?* me pregunté para mi yo interior. Nosotros ya estábamos sentados en la mesa, esperando por ellos, para poder empezar a comer. Tocaron el timbre, y sin saber por qué, mi corazón latía un poco más fuerte. Toqué a Bella para intentar ocultar mi repentino nerviosismo. Lorena se levantó, y les abrió. Entraron en el comedor, solo Ryan y Lorena, Justin se quedó apoyado en el marco de la puerta de éste. Mis ojos se cruzaron con los de él, después de varios días. Le sonreí, pero él me evitó. Me sentí mal, y algo dentro de mí se tensó. 
- Si me disculpáis, no tengo hambre. Así que, me retiro a mi habitación, sino os molesta -se excusó Justin. 
- ¿Hijo? -lo llamó Pattie. -No puedes estar sin comer. Al igual que hoy, no quisiste almorzar. Tan solo te comiste un bollo en el desayuno, y ni hablar de la cena porque tampoco la tocaste. -se alarmó ella. Yo lo miré preocupada, pero ignoraba mis miradas. 
- Estoy bien, mamá. Tan solo quiero descansar. Ahora, si me disculpáis. -se retiró de la cocina, y se fue a la habitación dónde dormía. 
- No sé lo que voy a hacer con este chico. 
- Tranquila, mujer. Seguro que se le pasará. Ya le entrarán ganas de comer. -la animó papá. 
Pasamos un almuerzo tranquilo, aunque yo no sabía que decir. No pronuncié palabra. Mis pensamientos estaban en el piso de arriba. 
Cuando hubimos terminado, Lorena, Ryan y yo, ayudamos a las madres a recoger la cocina. Mientras que papá, se tumbó un rato a ver la televisión en el salón. 
- Ryan, ¿puedes llevarle esto a Justin? A lo mejor, le entra el apetito si ve la bandeja. -le preguntó Pattie, alzándole la bandeja. 
- Si quieres se lo llevo yo. -me ofrecí tímida. 
- No creo que sea buena... -empezó a decir Ryan, pero no pudo terminar puesto que Lorena le dio un codazo. -Está bien. -se resignó, y me dio la bandeja con un poco de comida. 
Subí las escaleras procurando no tropezar. Llegué hasta el cuarto de Justin. La puerta estaba entreabierta, así que, suspiré y valientemente entré en la habitación, despacio. El rubio, estaba acostado de cara a la pared, por lo tanto, no sabía si estaba dormido. No podía ver aquel rostro tan angelical. Si ya parecía un ángel traído del cielo cuando estaba despierto, no me quiero ni imaginar como se ve mientras duerme. Coloqué la bandeja que sujetaba con las dos manos en una mesita. Lo miré por última vez, y me dispuse a salir para dejarlo descansar. 
-Gracias. -me agradeció él con la voz queda. Me di la vuelta, y observé que seguía en la misma posición que antes, sin mirarme. 
- De nada. -logré decir. Quería marcharme, pero no podía. Sabía que él lo estaba pasando peor que yo al no conseguir recordar nada sobre los últimos meses de mi vida. Cerré la puerta tras de mí. 
- No te tienes por qué quedar. Estoy bien. -me aseguró. Me senté en la cama de al lado. 
- Lo siento. No debí tratarte así cuando te vi, pero es que.. me asusté -suspiré. -Mira, Justin. Todos dicen que eras importante para mí, por eso, he querido traerte algo de comer. Tu madre ha insistido y yo, pues.. me ofrecí. -se dio la vuelta. 
- ¿Y ya no soy importante para tí? -derramó unas cuantas lágrimas. Me quedé helada. Sin saber que decir. -Da igual. -contestó el por mí, volviendo a su posición inicial. Dándome la espalda. 
- ¿Por qué mejor no me cuentas cómo nos conocimos y esas cosas? -me acerqué a su cama, y me senté a su lado.-Quizás, de ese modo me puedas ayudar a recordar. -Eso pareció gustarle, ya que, apoyó su espalda contra la cabecera de la cama. Me miró fijamente. 
- ¿De verdad lo quieres saber? -sonrió. 
- Me encantaría. -le contesté tocándole la rodilla cariñosamente. Él pareció estremecerse ante mi contacto. Nuestro "primer" contacto. 
Empezó a contarme todo lo que habíamos vivido, sin olvidarse de ningún detalle. Yo asentía, mientras que él no paraba de sonreír, y a veces se emocionaba. Por dentro, yo me estaba muriendo por poder recordar, y me esforzaba, pero nada. No funcionaba, y eso me ponía de los nervios. Al terminar de contarme una risa salió de mi boca. 
- ¡Vaya! Pues sí que he tenido unos meses moviditos -reí. Él solo se limitó a sonreír. -¿Justin? -me miró fijamente, haciendo que mi mundo girara y el corazón latiera con fuerza. -¿En serio dejaste todo por mí? 
Asintió. Pasó su mano por mi pelo, y luego por mis mejillas. Colocó un mechón detrás de mi oreja, y me sonrojé. Con su mano en mi rostro, comenzó a acercarse a mí, quedando aliento contra aliento. Nariz contra nariz. Frente con frente. Miró mis labios una última vez antes de que sus labios se dirigieran a los míos. Fue un beso corto, pero bonito. Nos separamos, y ahora más que nunca estaba confundida. Él pareció notarlo, y se alejó un poco, pero seguíamos con los rostros muy cerca. Lo miré. Me miró, y esta vez fui yo la que le dio un beso más intenso, con más pasión. Justin no se negó, y comenzó a buscar mi lengua. La encontró y empezó a jugar con la suya, haciendo que éstas se unieran al ritmo de nuestros labios. *¿Qué narices estoy haciendo?* pensé aturdida. Me separé, y él me miró confundido. Rápidamente, me levanté y salí de la habitación. 
- ¡Sophie, espera! -lo ignoré, y corrí hacia mi habitación dejándolo con la palabra en la boca, y un beso marcado en sus labios. Cerré la puerta, y me tumbé en mi cama. Rocé mis labios con la yema de mis dedos, y de nuevo, unas cuantas imágenes rodearon mi cabeza. *¿Qué me está pasando con este chico? ¿Será amor? ¡Sólo lo conozco desde hace 3 días! No. No puede ser amor* discutían mi mente y mi corazón. Quizás, el amor que sentía por él antes de que me ocurriera el accidente, no se había desvanecido mientras estuve en coma. Tal vez, pese a que no lo conozca, siento lo mismo que antes... o puede que simplemente sean imaginaciones mías. 
Y así me dormí, pensando en esas cosas. 
Transcurrieron como 2 horas. Me desperté bostezando, me levanté y me arreglé un poco el pelo que se había alborotado. 
Puse un pie en las escaleras y vi a los chicos jugando a la play abajo, en el salón.                                                                                                                         Lorena estaba al lado de Ryan, viéndolos jugar. 
- Y, ¿los demás? -pregunté aún desde arriba. Los 3 me miraron a la vez. Lorena fue la que contestó mientras ellos devolvían su mirada al entretenido juego de pelea. 
- Fueron a cenar. Volverán más tarde. 
- ¡Guay! -bajé las escaleras y me senté al lado de él. Me miró apenado por lo que había pasado antes. Mi rodilla tocó con la suya y al encontrarse nuestras miradas, pude notar como un escalofrío recorría mi cuerpo. De los pies a la cabeza. 
- ¿Qué tal si pedimos una pizza? -propuso Lorena. 
- Por mi bien. -respondió Justin. 
- ¡Comida, comida! -exclamó Ryan, casi babeando. 
- Pareces el monstruo de las galletas. -reí. Justin sonrió y Lorena estalló en carcajadas. Normal en ella. 
- Bueno, voy llamando a la pizzería. ¿De qué la queréis? -preguntó Lorena con el teléfono en mano. 
- ¿Podemos pedir una de atún? ¿Por fa? -hice pucheros. Los demás rieron. 
- Vale. Y, ¿la otra? -volvió a preguntar Lorena dirigiéndose a los chicos. 
- ¿Sólo vas a pedir dos? -preguntó Ryan como si el mundo se hubiera acabado. 
- No seas glotón. -Lore le dio un golpecito en el hombro, y éste se quejó. 
- Bueno, en lo que os decidís, y pedís las pizzas, yo me voy a la ducha. -me levanté y subí las escaleras. Pude notar la mirada de Justin clavada en mi espalda. Viendo como subía, contoneando mis caderas. 
Me duché, y me relajé. Cogí una toalla, me sequé un poco el pelo, y me envolví en ella. Entré en mi habitación. 

Narra Justin

Entró en la habitación, y me quedé petrificado al verla de esa forma tan jodidamente sexy. Sus mejillas comenzaron a arder. Se puso roja. En cambio, yo seguía ahí parado con un charco a mi alrededor de las babas que caían por mi boca. Mientras tanto, mi zona de abajo se ponía dura como una roca, haciendo que el pantalón me hiciera daño. 
- Lo-lo siento.. -me disculpé avergonzado. -Tu hermana me mandó a por su portátil y me dijo que estaba en su cama, y.. aquí está -le dije nervioso, mientras ella no paraba de sonrojarse. Cogí el portátil, y me dispuse a salir. Dios, si no salía en ese momento de aquella habitación, notaría mi erección, y lo último que quería es que pensara que soy un pervertido o algo parecido. 
- Justin. -pronunció mi nombre y con eso hizo que mi miembro se endureciera más, teniendo ganas de desprenderse de aquella toalla que envolvía aquellos pechos tan bien formados, y jugar con sus pezones hasta que ella pidiera más, más, y... 
- ¿Justin? -chasqueó los dedos. Volví a la realidad. Me tapé con el portátil mi parte inferior disimuladamente intentando que ella no notara mi erección. 
- Eh, sí, perdona. ¿Qué decías? -reaccioné. 
- Quería hablarte sobre lo del beso... -agachó la cabeza tímidamente. 
- Lo sé, Sophie. No debí haberlo hecho. Necesitas tiempo, y...
- No, no. -me interrumpió.-me-me.. ha gustado. -tartamudeó un poco nerviosa y sonrió. Mi corazón paró de latir. 
-¿De-de verdad? -dudé. Dejé el ordenador de nuevo en la cama de Lorena, y me acerqué. Fuimos acercándonos más, hasta que la tuve a escasos milímetros de mi boca. 
- De verdad. -me afirmó. 
- Entonces... ¿puedo volver a besarte? -la pregunta le sorprendió, y sus mejillas volvieron a ponerse de un color rojizo. Asintió, y ese gesto fue lo que hizo que atrapara sus labios ferozmente. La apreté más contra mí. Al sentir mi miembro, soltó un gemido. No pude evitar reírme en sus labios. El beso cobró más intensidad, y la guié hasta la cama. Sin querer, caímos y nos quedamos yo encima de ella. Nos miramos a los ojos, y volví a besarla. Necesitaba sentirla, tocarla, besarla... hasta que nos cansáramos. Me quité la camiseta, y ella observó alucinada mis abdominales. Los tocó, mordiéndose el labio inferior, cosa que me volvía loco. Colocó sus brazos alrededor de mi cuello, y me pegó más contra su bien estructurado cuerpo. Me deshice de su toalla, quedando sus pechos al desnudo. Una delicia para mis ojos. Bajé mis labios a su cuello, mientras ella gemía de placer, y arqueaba su espalda queriendo más. Dejé su cuello, y pasé a besar el valle de sus senos. Su piel al sentir mi lengua en uno de sus pezones, se erizó. Cerró los ojos y se dejó llevar. Con la otra mano, masajeaba su otro pecho, tocándolo, sintiéndolo. Succioné su pezón dejándolo más hinchado de lo que estaba. Lo mordisqueé, jugué con el. Sabía que la estaba haciendo sufrir que me necesitaba dentro de ella, pero quería hacerla esperar y disfrutar del momento. Abandoné su pecho y deslicé mi mano por su feminidad. 
- Justin... -susurró gimiendo. -tócame.. -me pidió. 
- Tranquila, princesa. Lo pensaba hacer. -le di un beso en los labios, e introduje uno de mis dedos lentamente en ella. Comencé a mover el dedo en círculos haciendo que Sophie se pusiera más húmeda de lo que estaba. Luego, introduje otro más, y parecía que Sophie, pronto llegaría a un orgasmo aún sin estar dentro de ella. 
Ella, deslizó sus dedos por mi torso desnudo, y llegó hasta mi pantalón. Me lo desabrochó, y se dispuso a tocar mi miembro, el cual todavía estaba protegido por mis boxers, hasta que... 
- ¡Sophie, Justin! ¡Ya llegó la pizza! -nos gritó Lorena desde abajo. 
- Mierda. -me quité del cuerpo de Sophie, y ésta se ponía la toalla un poco avergonzada y con los labios hinchados, al igual que los míos. 
- Dios, que bien ha estado. -murmuré cerca de su oído. Se sonrojó. 
- Tonto... 
- ¿No te ha gustado? Dios, Sophie. Lo siento, en serio. No debí hacer esto... -me apené. 
- ¿Qué? No, no. A mi también me ha gustado. Ambos lo queríamos. -me calmó cogiéndome del brazo. 
Sonreí y la besé tiernamente. 
- ¿Podrías llevarle tu el portátil a tu hermana cuando bajes, por fa? -le pregunté mientras me ponía la camisa. 
- ¿Por qué no se lo puedes llevar tú? -me preguntó, poniéndose unas braguitas, lo cual hizo que mis ojos recorrieran su cuerpo entero deseándola aún más. 
- Verás... es que necesito una ducha bien fría. -señalé a mi miembro, que por poco y se salía del pantalón. Ella rió. 
- Está bien -continuó riéndose. Salí de la habitación y me dirigí al cuarto de baño. 

Narra Sophie 

Me puse el pijama. Unos pantalones cortos y una camiseta de asillas. Me peinaba mirándome al espejo y recordaba lo que había pasado hace tan solo unos cuantos minutos. ¡JODER! ¡QUÉ BIEN LO HACÍA JUSTIN! No habíamos llegado a nada más, pero estuvimos a punto... tal vez, nos descontrolamos demasiado, pero.. es que no me puedo resistir a sus caricias. Sabe como hacerme sentir una verdadera mujer. 
Escuché el ruido del agua proveniente del baño, mientras caminaba por el pasillo. Bajé las escaleras y ahí estaban Ryan y Lorena, comiendo pizza.
- ¡Dejad para los demás! -les grité. 
- Tenemos hambre, pequeña. -me contestó Ryan con la boca llena de comida. 
Cogí un trozo de pizza y me lo llevé a la boca. 
- ¡Sois unos glotones! -nos acusó Justin desde arriba. Tenía el pelo alborotado, y muchas gotitas caían por su torso desnudo. Me humedecí los labios, y él me guiñó un ojo. Al rato, llego a donde estábamos nosotros. Le hice un hueco, y me sonrió. 
Cuando terminamos de comer, Lorena y yo recogimos los platos y los fregamos. 
- ¿Ha pasado algo, Sophie? -preguntó curiosa. 
- ¿Algo de qué? -rodé los ojos. 
- Justin y tú, ¿qué habéis hecho allí arriba? -levantó las cejas. 
- Hablar... -mentí. 
- Sí, claro. Y yo soy tonta y me chupo el dedo. -me contestó sarcásticamente. 
- ¡Lore! ¿Me acompañas arriba? -le preguntó Ryan entrando por la cocina. 
- Voy, amor. -le dijo ella, terminando de lavar el último vaso. 
Ryan la cogió de la mano y subieron juntos al piso de arriba. 
- ¡Usad protección! -les gritó Justin. Me acerqué a su lado y él puso su brazo por mis hombros. -¿Quieres ver una peli? -me preguntó. Alcé la mirada, y lo besé. 
- Vale. ¿Cuál vemos? -sonrió maliciosamente- una de miedo, no. -lo fulminé con la mirada. 
- ¿Por qué? Venga, princesa, no te va a pasar nada si yo estoy a tu lado. 
- Deja el ego a parte, y veamos una de risa. 
- Está bien -suspiró y se levantó para poner una peli del género que yo le había pedido. Se volvió a sentar. 
- Te quiero -me susurró. Yo me quedé muerta. ¿Qué se supone que le tenía que decir? Ni yo misma sabía que estaba pasando. Notó mi preocupación. -Tranquila, esperaré a que me lo puedas decir. -me besó en la cabeza. Suspiré aliviada y me acomodé entre sus brazos. 
No recuerdo hasta que parte vi de la película. Lo último que recuerdo fueron sus brazos rodeándome haciéndome sentir segura, protegida, y mi cabeza en su pecho. Seguramente, me quedé profundamente dormida, en sus brazos.